El ajuste es abstracto. No lo ven ni el Presidente ni sus colaboradores. Sus consecuencias son infinitamente más concretas. Se sienten en la piel de los trabajadores despedidos y en el bolsillo que sufre una carrera perdida con los precios. Provoca cimbronazos como la protesta salarial de docentes y policías en Misiones, que son un capítulo de una crónica anunciada. “Los voy a dejar sin plata, los voy a fundir a todos”, había prometido el Presidente. Se refería a los gobernadores, en el inicio del debate de la ley Ómnibus. “Si la ley no se aprueba, las más perjudicadas van a ser las provincias”, había detallado.
Las “provincias”, de nuevo, es una expresión abstracta. La sufren los provincianos, que son argentinos de carne y hueso. Una porción amplia que ve cómo sus ingresos son corroídos por una inflación descontrolada empujada por la suba desmesurada de los precios (des)regulados por el Estado, como gas, transporte, salud y energía.
Desde diciembre la inflación fue del 65 por ciento. El transporte aumentó 84,4 por ciento, los costos de vivienda, gas, agua y otros combustibles, 110,5. En paralelo, las provincias sufren una caída de la coparticipación inédita, con el congelamiento absoluto de los recursos para obras de infraestructura y recortes como el del Fonid, que de un plumazo amputó el salario docente en un quince por ciento. El Fondo del Transporte también fue amputado para las provincias, lo que provocó la disparada del boleto en todo el país. Pero el subsidio al sistema de colectivos del AMBA, pasó de cerca de 60.000 millones a 148.000 millones en mayo y 160.000 millones en junio. La motosierra fue sólo para el interior.
El efecto inmediato de ese plan es la parálisis económica. Ya hay cerca de cien mil despidos -en febrero se registraron casi cuatro mil despidos en Misiones, la mayor caída de la serie histórica, después de cerrar el 2023 con 108.727 empleos registrados-. La recaudación nacional cayó 10 por ciento en el primer trimestre. La de Misiones en el mismo período cayó 12,2 por ciento interanual.
Ese es el caldo en el que germinaron las protestas salariales de docentes y policías. Un reclamo desproporcionado que no se condice con el diálogo permanente en las mesas docentes y con los representantes de las fuerzas de seguridad, que rompieron lanzas en medio de las conversaciones. Los policías escalaron el conflicto sin ánimo de conciliación y con exigencias que desconocen la esencia de una negociación. Negociar es acercar posiciones. Escuchar al otro. Entender contextos. La protesta policial no tuvo nada de eso. Y con armas de por medio. Una sedición que incluyó la toma de oficinas, armas y vehículos para impedir el servicio esencial de seguridad. Inexcusable. Mucho menos para quienes alimentan las protestas en la búsqueda de una pírrica ganancia política. Los diputados y dirigentes que se muestran “angustiados” por la situación, son los mismos que celebran el agite de la motosierra de Milei y los 7 de miles de estatales en la Nación.
En contraste, la Renovación sostiene el compromiso de gobernabilidad con la Nación. La ley Bases depende de los votos de los espacios provinciales y los senadores de Innovación Federal aportarán los necesarios para destrabar la norma que Milei exige para plasmar sus ideas económicas que, promete, sacarán al país de la zozobra. Es parte del tiempo de consensos que proyectó Passalacqua el 1 de Mayo en su mensaje de Estado. Ese tiempo de consensos también implica una apertura a ideas nuevas dentro de la Renovación, tal como se discutió el jueves antes de la sesión en la Cámara de Diputados. El conductor político de la Renovación ratificó la vocación de incorporar energías y nuevas ideas de espacios y formas de pensar que prioricen a Misiones.
El 25 de Mayo, de todos modos, llegará sin ley, ya que todavía hay controversia por varios artículos. Las críticas, llamativamente, ya no son únicamente de la política, sino que alcanzan a sectores afines. La Confederación Argentina de la Mediana Empresa advirtió que hay inconsistencias en la reforma laboral que pueden generar una competencia desleal. Fue incluso más profunda la crítica sobre el Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones. “El RIGI es, a nuestro modo de ver, un potente sistema de atracción de inversiones productivas. Pero no se debe dejar de lado que todo incentivo hacia la inversión tiene como contrapartida una menor recaudación y un trato discriminatorio hacia las empresas que no cuentan con dichos beneficios”, advierte la entidad que preside Alfredo González.
“Por este motivo es que un régimen de incentivos es sólo justificable en la medida en que la sociedad en su conjunto obtenga un beneficio superior al costo en el que incurre y que dicho beneficio se materialice durante un largo período de tiempo”, sentenció González.
CAME comparte la necesidad de generar incentivos a la inversión productiva. “Somos los primeros defensores de la economía real que se contrapone a la especulativa y somos conscientes de que sin incentivos no hay inversión. Pero a propósito del retorno sobre esa inversión surgen preguntas: ¿cuántos puestos de trabajo generarán esas inversiones? ¿Cuántos proveedores locales se integrarán a este proceso? ¿Cuál será el saldo neto de divisas que se generará en nuestro país como consecuencia de este régimen? ¿Cuáles son las cláusulas que fomentan la participación de nuestras empresas en el proceso de inversión? Preguntas que no tienen respuestas.
De todos modos, la ley Bases está a un paso. Con ley en mano, el Presidente estará más exigido a mostrar resultados, que por ahora son escasos. Apenas una desaceleración de la inflación como dato a mostrar en cinco meses de gobierno.
Fuente: https://economis.com.ar/

Más notas
Policías resguardaron a siete hermanos en situación de vulnerabilidad en Posadas: quedaron al cuidado de sus abuelos por disposición judicial
El río Uruguay sigue bajando y habilitaron el paso fronterizo en El Soberbio: la Policía evalúa el regreso de las familias evacuadas
96° aniversario de la Dirección de Bomberos de la Policía de Misiones